Una experiencia profesional en bici de ruta

La previa. Un ajetreado día de diciembre que se desarrollaba entre la entrega del avance de mi tesis, el término de un ciclo anual de trabajo (soy responsable del Área de Comunicación de una institución educativa), la locura propia de fin de año y los entrenamientos de siempre, Osmar me envió una invitación deportiva. De soslayo vi que se trataba del Gran Fondo New York ¡en Uruguay! De inmediato demostré interés y casi sin darme cuenta al otro día ya estaba inscripta.

Faltaba mucho, pero comenzamos a interiorizarnos un poquito más. Sabía de la existencia del Campagnolo Gran Fondo NY, pues Osmar había tenido intenciones de ir al de San Luis (Argentina) hace un tiempo. Entre los boletines de noticias que fuimos recibiendo y las redes sociales, la actividad comenzó a tomar forma y el entusiasmo creció. También comenzamos a incluir tiradas largas en bici de ruta en nuestros entrenamientos.

La carrera. Los aficionados al ciclismo de ruta de Uruguay no contamos con muchas instancias de cicloturismo, fondos o similares, más allá de salidas grupales. El Campagnolo Gran Fondo New York constituye, por lo tanto, una oportunidad única por la envergadura de la actividad. ¡Se trata de un gran fondo y no solo por el nombre, sino por la organización! Y además, la oportunidad marcaría un hito en la historia del ciclismo de ruta del Uruguay para aficionados, puesto que sería la primera edición del Gran Fondo New York Uruguay.

La contienda se realizó el domingo 6 de marzo y la organización ofreció dos distancias: 187 k para los avezados y 85 k como medio fondo. El punto de salida y llegada fue el Hotel del Lago en Punta Ballena frente a la espléndida Laguna Del Diario. El entorno, de natural belleza, era el marco perfecto para una rodada que prometía ser inolvidable.

El homenaje y la experiencia en carrera.  Operaron a Tachi, el padre de Mónica ―compañera de Distancias Solidarias―, así que continuamos con él en nuestras espaldas en un dínamo de energía que fortalece y empodera a todas las partes. Homenajear el padre de una amiga y compañera de equipo es un compromiso que vivimos con orgullo, alegría y responsabilidad.

La largada de la carrera, en el marco de pronósticos de vientos y lluvia, estaba prevista para las 7 AM. Sabíamos que hasta 15 minutos antes se podía entrar al corral de salida, así que con tiempo suficiente nos acercamos a la zona. Los participantes ―escasos para la envergadura de la actividad― se alistaban para salir. Había hermosas bicicletas, elegantes y bien pulidas; había rostros felices y expectantes; había mucha adrenalina y ganas de comenzar a pedalear.

Debido a mi aprehensión por los pelotones, agravada por una caída que tuve en diciembre pasado (se preguntarán qué hago entonces practicando el ciclismo de ruta), me ubiqué casi al final, junto con otras ciclistas que acusaban los mismos miedos. La cuenta regresiva se hizo esperar y finalmente salimos a tren controlado hasta la ruta 10. Salí rodando con mucha atención y cuando quise acordar todos los participantes iban muchos metros adelante y a mis espaldas estaban la ambulancia y el coche escoba (el que recoge a todo aquel que no cumple el mínimo de velocidad exigida o tuvo algún inconveniente que no le permite continuar).

El tren controlado iba rápido, así que comencé a “meter pata” para no quedarme atrás y de paso entrar en calor. Así llegué a la primera gran cuesta: el Lomo de la Ballena. Con cadencia y esfuerzo comencé a recuperar lugar y a sentirme cada vez más cómoda, a pesar del fuerte viento cruzado que nacía del mar.

Recorrimos toda la playa Mansa y la península con Eolo soplando de costado. El puerto lo hice con un grupo que emergió naturalmente, pero que se disgregó poco después. Al tocar la rambla de la playa Brava, el viento se transformó en una mano amiga que empujaba las espaldas de los corredores y mi cuentakilómetros marcaba arriba de 40 km/h. Así llegué hasta la Barra, pasé el puente y comencé a recorrer la ondulada rambla que, entre playa y lindos comercios, llega hasta Manantiales. La ruta 104 me esperaba con sus largas subidas y bajadas. El viento ya no estaba a favor de los corredores y comencé a sentir cómo me acariciaba la cara.

Un par de kilómetros antes de terminar ese trecho, que es verde y muy arbolado, estaba el puesto de hidratación. Decidí no parar, pues tenía agua suficiente (salí con dos caramañolas grandes) y también sólidos (barritas de cereales y ticholos). A pesar de que circulaba arriba del promedio exigido, temía por lo que faltaba; decidí entonces seguir ya que cada minuto contaba y no necesitaba las provisiones del puesto. El fantasma del coche escoba iba a mi lado.

La temida lluvia prevista ―no me gusta pedalear en bici de ruta cuando el asfalto está mojado― había llegado y me mojaba con constancia, pero delicadamente. Ese panorama, de cuestas onduladas y prudente lluvia, cambió al doblar por la ruta 9. El viento se hizo más intenso y también el agua que comenzó a caer con más fuerza. El tránsito se volvió más espeso y mientras tanto seguía dando pedal sola, sin hallar un grupo con el que compartir fuerzas.

Casi al final de la ruta 9 encontré a Mónica y a Noela (de Elequipo) y pudimos armar un buen grupo para tirar y balancear nuestra energía que estaba muy menguada. Teníamos poco resto para charla, así que nos dimos algo de ánimo y seguimos intensamente. Al doblar en la ruta 12, el último tramo, sabíamos que nos faltaban 15 durísimos kilómetros.

Sin parar de disfrutar y saboreando el valor de usar el jersey del Gran Fondo en la rambla montevideana, no nos dimos tregua. En los últimos kilómetros nos disgregamos, pues cada una aprovechaba los últimos estertores de energía en función de sus puntos fuertes. Con Noela entramos en el glamoroso barrio de la Laguna del Diario juntas y pasamos la meta con la satisfacción de haber pedaleado constantemente durante más de tres horas y la alegría de haber dejado al “barredor” atrás.

 

Ficha de valoración del Medio Fondo (85 k, Gran Fondo New York Punta del Este)
6 de marzo de 2016, Punta del Este

Comunicación:  La comunicación previa fue excelente, con una estética acorde a la actividad madre (el Gran Fondo New York) y con la información necesaria. Durante la previa, algunos ítemes cambiaron (lugar de salida de la carrera, días de entrega de kits) y generaron algo de confusión. Suponemos que los cambios se debieron a la engorrosa logística de una actividad de ese porte.

Como adelanto tuvimos un video promocional, información de otros fondos, detalles del entrenamiento necesario y algunas entrevistas (estas últimas dejaron mucho que desear, puesto que les faltó una buena edición periodística) que fueron la referencia necesaria para ambientar al Gran Fondo Punta del Este.

El día después y sin perder el sentido de la oportunidad, la organización divulgó un emocionante video y preciosas fotos que alimentaron el orgullo de quienes habíamos participado.

Entrega de kits: La entrega de kits estaba prevista para realizarse el jueves en Montevideo y el sábado en Punta del Este. La instancia del jueves se suspendió y se realizó exclusivamente el sábado. El trámite fue ágil, rápido y eficaz. En una bolsa de lienzo de muy buena calidad encontramos la remera, el número con el chip para la bicicleta, el número de corredor para la espalda y una pulsera identificatoria, además de un par de barritas de cereal y publicidad de otros fondos.

Remera: ¡La remera es divina! Había talles para mujeres y hombres y de todos los tamaños. La calidad es excelente y será, sin lugar a dudas, exhibida en muchos entrenamientos. El jersey oficial del Gran Fondo NY Uruguay es vistoso y con la luminosidad suficiente para no tener que usar chaleco reflectivo.

Manejo del tiempo: Nos sorprendió la tardanza en la largada, fueron aprox. 15 (¡inadmisibles!) minutos.  En Uruguay es habitual, pero el mal manejo del tiempo no es común en otros lugares del mundo y el Gran Fondo New York, por su relevancia, debería honrar esa foránea tradición.

Recorrido: El recorrido del Medio Fondo es impresionante y tiene de todo: la gran cuesta del Lomo de la Ballena, varios kilómetros planos para embalar, un paseo por el puerto de Punta del Este, otro envión raso hasta La Barra, sinuosas ondulaciones para llegar a Manantiales, la ruta 104 en la que comienza la diversión entre subidas y bajadas, la ruta 9 que parece endurecer la cuestión un poquito más… hasta que llega la ruta 12 y las piernas piden clemencia.

Seguridad y puestos (de hidratación y de aprovisionamiento): El recorrido estuvo bien marcado y contó con la seguridad mencionada en las comunicaciones previas (servicio de Policía Caminera sin cortes de ruta). Además, hubo especial identificación en puntos críticos como en despertadores de la ruta 10 antes de llegar a la 104. El Medio Fondo contó con un puesto de aprovisionamiento que no visité, así que no puedo reseñar sus servicios. Al finalizar el recorrido y luego de pasar por el arco, había agua y Gatorade; en ese lugar se notó la ausencia de fruta que el cuerpo reclamaba luego del intenso ejercicio.

En un espacio natural inmejorable y con mesas esmeradamente acondicionadas, se desarrolló la Pasta Party que tuvo hasta buen café. Un servicio de buen nivel, sin lugar a dudas.

¿Con ganas de correrla una vez más?: ¡Sí! Quiero volver a hacer el Gran Fondo New York Punta del Este en 2017 y quiero muchos fondos más. Felicitamos a los responsables de la iniciativa y, más allá de algunas pequeñas cuestiones, queremos destacar el notable trabajo realizado.  El eslógan fue “Be a pro for a day” y realmente me sentí como una profesional del ciclismo de ruta, fue una experiencia que nunca pensé vivir. ¡Por muchos más!

Lic. Gabriela Cabrera Castromán / gabrielacabreracastroman@gmail.com

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